El rol de la ciencia en el proceso Constituyente

Columna de opinión de María José Escobar, Académica del Departamento de Electrónica USM.

Chile se caracteriza por la exportación de materias primas y productos semielaborados, lo que hace que nuestra economía dependa del precio mundial de estos productos y no de la calidad e innovación de las mercancías y productos exportados. A esto, se suman las grandes brechas y desigualdades de nuestra sociedad.

Una de las oportunidades para cerrar estas brechas es convertirnos en una sociedad del conocimiento, es decir, en una sociedad con altos niveles de educación, la cual se basa en el conocimiento de sus ciudadanos para impulsar la innovación, el desarrollo y el progreso. Debemos partir por reconocer ese conocimiento como pilar fundamental para la toma de decisiones, para la creación de estrategias, y para apuntar hacia un desarrollo sostenible e integral. El proceso constituyente en el que nuestro país se encuentra es una alternativa para darle cabida a ese conocimiento, y con él construir las bases que nos definirán como sociedad en los próximos años.

El conocimiento, generado por la investigación científica, tiene dos formas de aportar a este proceso constituyente. La primera de ellas es que las ciencias aportan como evidencia para poder entender y comprender la realidad sobre la cual esta nueva constitución se construye. Por ejemplo, la evidencia histórica del momento en donde estamos, el impacto de diferentes sistemas económicos en el desarrollo socioeconómico, los beneficios de realizar trabajos multidisciplinarios, el cómo funcionan y se articulan las sociedades, y la comprensión de que no es posible disociar al humano del entorno en que vivimos relevando así la protección de la biodiversidad.

La segunda forma en que el conocimiento puede contribuir es incluir a las ciencias de manera explícita en la nueva constitución. En este caso, se invita a pensar en el cómo hacemos que la práctica científica, sus hallazgos, promuevan el desarrollo integral de nuestra sociedad. Alternativas para este proceso son diversas partiendo con la posibilidad de establecer como derecho la libertad de la investigación científica, el disfrute de los beneficios del conocimiento que acá se genere, la protección contra los efectos adversos de la ciencia, o el de fomentar el progreso científico tecnológico. Cada uno de ellos tiene ventajas y desventajas, y es labor de los constituyentes establecer cuáles de ellos deben ser parte de la nueva carta magna.

Como país tenemos la oportunidad de redactar una nueva constitución con el conocimiento que como humanidad hemos construido al día de hoy. Permitamos que este conocimiento sean los pilares sobre los cuales se instale el debate que nos lleve a una nueva carta magna para nuestro país, y al mismo tiempo, que la ciencia y el conocimiento se transformen en la hoja de ruta para Chile.

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