Claudia López, académica del Departamento de Informática de la USM, participará este 16 y 17 de enero en el Congreso Futuro 2024 para comentar la importancia del pensamiento ético aplicado al trabajo científico-tecnológico.
Por María José Aragonés G. | Periodista Dirección General de Investigación, Innovación y Emprendimiento USM.
“Cómo la ética es la clave para preservar al humano en la inteligencia artificial (IA)” es la charla a cargo de Claudia López, científica del Centro Nacional de Inteligencia Artificial e investigadora principal del Núcleo Milenio de Investigación Futuros de la IA (FAIR), para este miércoles 17 de enero en Santiago. Además, participará como panelista en la charla magistral de Kate Crawford, referente mundial de inteligencia artificial, el martes 16 de enero a las 09.00 horas, en la versión regional de Congreso Futuro en el Congreso Nacional.
Con el avance vertiginoso de la tecnología es necesario preguntarse cómo se aborda desde el punto de vista ético y de qué forma esta herramienta puede favorecer la representación democrática y equitativa de las mujeres. Precisamente este es uno de los puntos de interés de nuestra académica Claudia López, quien actualmente está profundizando estos temas desde una perspectiva sociotécnica: “pasa por comprender mejor a las personas, contextos de uso, de desarrollo, evaluar efectivamente qué es lo que sucede con la IA una vez que está desplegada, tener vías de corrección y un montón de otras cosas. Al final del día la IA no es sólo una técnica, es una cuestión sociotécnica, donde hay que entender el contexto; lo técnico y lo social se moldean el uno al otro”, dice la experta.
En esta misma línea, es crucial que entendamos que la IA no es unívoca, sino que es una tecnología que responde a la forma en que esta se piense y se aborde por parte del mundo científico-tecnológico que la construye, donde la multidisciplinariedad y el enfoque de género son claves para el progreso: “yo cada vez más me convenzo de que la inteligencia artificial no es una sola cosa, que hay varias inteligencias artificiales y que las formas en que esas inteligencias artificiales van a influenciar la vida de las personas o de la naturaleza depende de eso”, puntualiza.
“Las personas estamos sujetas a los efectos de la IA, pero también como sujetos participamos en su desarrollo y en su crítica, en las formas de mejorarla o moldearla, y discutir qué cosas son las que vamos a dejar que la IA haga por nosotros como sociedad”.
Comprender mejor la experiencia de las mujeres
Hasta la fecha, gran parte del recorrido de esta tecnología se ha hecho con el procesamiento de datos que describen la experiencia masculina quienes actualmente dominan el área STEM (siglas en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), donde solo el 22% de la matrícula corresponde a mujeres, mientras en magíster alcanza un 29% y en doctorado un 37%, según datos del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación del año 2022.
De esta forma, la relevancia que puede alcanzar el trabajo científico con enfoque de género es crucial para mirar la experiencia femenina y con ello nutrir de datos que se puedan codificar e incorporar al machine learning desde la inclusión: “Una forma de incluir esta perspectiva de género en la IA pasa por preocuparnos de las cosas que les afectan a las mujeres. Y dos, por levantar datos -sin caer en los problemas de la privacidad-, que describan sus experiencias para la toma de decisiones en política pública o en el acceso a recursos”.
¿Ad portas de la revolución robot?
“No comparto el imaginario del reemplazo”, zanja la experta, su visión se ciñe más al lado complementario del trabajo que puede surgir de esta interacción, “comparto el imaginario de hacer que la IA nos facilite la vida, nos lleve a un mejor futuro, permita tener una mejor calidad de vida, manejar mejor los desafíos del cambio climático, que nos ayude a convivir entre nosotros con nuestras familias, pero también con la naturaleza”.
En este sentido, es importante regular con anticipación para no acelerar un proceso que a todas luces tiene componentes socioculturales y reflexivos sobre qué elementos estaremos dispuestos a delegar a tales tecnologías y cómo se piensan para mejorar la vida de las personas: “tenemos que tratar de tener marcos regulatorios y políticas públicas que nos permitan estar un poquito mejor preparados para el futuro. Eso me parece más preocupante”.